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Píldora para aprender inglés sin esfuerzo

Eso precisamente es lo que le gustaría a tanta gente que lleva diciendo desde hace años: “tengo que ponerme en clases de inglés”, o: “Si hubiera una pastillita que te permitiera adquirir los conocimientos de inglés sin esfuerzo, pagaría lo que fuera por comprarla” ¿Nos estaremos enfrentando ante una epidemia social?

En realidad sabemos que es verdad, que muchas empresas comprarían esas pastillitas y se las darían a sus empleados todos los días al sentarse en su mesa y antes de coger el teléfono. Pero, aterricemos, por favor. No existe el aprendizaje sin esfuerzo. Y por desgracia o por suerte, la realidad refleja que aprender inglés se ha convertido en algo fundamental en nuestra sociedad y en el mundo laboral. Y no sólo para leer los subtítulos de las noticias de la CNN con un diccionario sobre el sillón y después presumir con los amigos de que comprendemos todo lo que dicen en ese canal, sino para lo más importante a la hora de aprender una lengua: para comunicarse.

Pero si en realidad lo que más importa es comunicarse, ¿por qué los españoles somos los ciudadanos europeos que menos capacidad tenemos para hacerlo en inglés? ¿Dónde está el problema? ¿Le echamos la culpa al Gobierno? ¿Tal vez el profesor me tenía manía o era malo?

Si rebobinamos la cinta de nuestra vida escolar, nos daremos cuenta de que la asignatura inglés estuvo en nuestro Boletín de Notas durante más de seis o siete años. Sin embargo no nos sentimos capaces de hablar  esa lengua. Las cosas que más podemos recordar y no con mucha nostalgia, son: las “tres columnas” de verbos irregulares que pronunciábamos tal como se escribían, para ponerlos bien en el examen, el estilo indirecto, la voz pasiva y los verbos con preposición, que no sabíamos cuándo ni cómo utilizarlos. Está claro que algo ha fallado, pero todavía se puede remediar con un poco de esfuerzo y voluntad por parte de profesores y de alumnos. Y de hecho, los profesores llevamos ya años luchando por subir el nivel del aprendizaje de las lenguas extranjeras.

Si la educación consiste en despertar la inquietud por aprender, por lo visto ese es el botón que hay que apretar: la inquietud y la motivación. Hay que aplicar el método comunicativo, y los alumnos tienen que perder el miedo al ridículo y ser conscientes de la importancia de la comunicación, aunque la frase no salga perfecta. Se aprende en la vida, gracias a los errores que cometemos. No podemos fiarnos de los manuales Aprenda inglés en quince días como si fuera la guía de Trotamundos y buscar en inglés la pregunta “¿A qué hora pasa el autobús?” y,  cuando por fin hemos dado con la página, la cola en la que estábamos ya se ha subido al autobús y se ha marchado.

Por supuesto que somos conscientes de que llevamos una “vida loca”, como Pancho Céspedes, y que hay muchos factores que te pueden impedir aprender inglés aunque quieras: trabajo, falta de tiempo, los hijos, los jefes, algunos nos estamos haciendo mayores y no retenemos los conocimientos como antes, o estamos “enganchados” a Operación Triunfo, pero todo lo que hacemos en la vida es por un fín. Pues bien, busquemos el fin del que hablábamos antes: viajes, negocios, ayudar a extranjeros perdidos por las calles de nuestras ciudades, contestar al teléfono, traducir una página Web, chatear, comprender las noticias de la CNN cuando hablan de Bin Laden, etc. No esperemos a que se nos escape el autobús. Tenemos que ser conscientes de que el éxito de la humanidad está en la comunicación. Y que si en un nivel de principiantes, ya sabemos decir: please, the bus y señalando el reloj decimos what time?, ya habremos conseguido algo. Las ganas de perfeccionar serán más fuertes cuando comprobemos que nos han respondido.

Y..., la pastillita, todavía no se ha inventado, pero nunca se sabe lo que ocurrirá en el futuro.